Sebastià Crespí, biólogo asesor de la OMS

“Debemos ser más respetuosos con la naturaleza”

Dentro de la delicada situación que vivimos, ¿qué mensajes de optimismo puede lanzar un especialista como usted en plena temporada de verano? El estado de alarma ha terminado. En Baleares hace ya varias semanas que tenemos una incidencia de COVID-19 muy baja, con unos pocos casos diarios que son perfectamente controlables por los servicios de Salud Pública, en términos de capacidad analítica y de rastreo de contactos. Y a esto debemos sumarle que todos, administración y sociedad civil, trabajamos para mantener, o mejorar si cabe, esta situación. Esta es la realidad que nos permite ser optimistas. Ahora debemos seguir trabajando, hacer las cosas bien y no bajar la guardia.


¿Cómo se puede concienciar a la población de que esto no ha terminado, y que, aunque existe menos incertidumbre que hace tres meses, hay que seguir cumpliendo con las medidas de protección? Comprendo que no es una tarea fácil, para qué engañarse. Sea como sea, debemos perseverar en dar mensajes preventivos frecuentes, claros y concisos, que calen en la población y persistir en la idea que sin responsabilidad, no habrá normalidad. Es una tarea de todos. No hay otra.


Para usted, ¿qué ha sido lo peor de toda esta situación? No sabría decirle qué ha sido lo peor. Hemos asistido a una tragedia de enorme magnitud que ha causado ya, solo en España, decenas de miles de muertos y ha golpeado a muchísimas familias. Más allá del conjunto, me han dolido en el alma el alto número de sanitarios infectados y lo ocurrido en algunas residencias de mayores.


¿Cómo es posible que no pudiera prevenirse? Las pandemias ocurren de manera imprevisible y su gestión es siempre enormemente complicada, incluso en las mejores circunstancias. Esto es así. Pero visto en retrospectiva, y dicho en tono constructivo, ahora vemos que no disponíamos de las herramientas necesarias para hacer frente a una crisis sanitaria de este calibre. Debemos aprender la lección. Hacen falta sistemas de información epidemiológica y alerta sanitaria ágiles y fiables para gestionar las epidemias, industrias capaces de producir localmente equipos de protección y material sanitario, tener stocks estratégicos, disponer de equipos de científicos en red capaces de ser movilizados cuando haga falta, en fin, necesitamos estructuras de salud pública más robustas que nos permitan anticiparnos a las crisis.

¿Qué credibilidad le merece que este virus pueda haber sido creado en un laboratorio? A nivel personal, ¿ve intereses ocultos en toda esta situación? Francamente, estas teorías no me merecen ninguna credibilidad. El SARS-CoV-2 procede de una familia bien conocida de virus de origen animal, los coronavirus, que ya han producido en el pasado otras epidemias, como la de SARS en 2002 y la del MERS en 2013. Ahora, otro coronavirus ha causado esta pandemia. No veo nada raro en esto.


¿A qué se debe que tanto la OMS, como la gran mayoría de gobiernos, hayan dado volantazos constantes a la hora de transmitir información a la población? Es cierto que la OMS ha sido cuestionada por su gestión durante la pandemia y no dudo que algunas cosas se podrían haber hecho mejor. Pero yo no participo de las críticas de trazo grueso. Es necesario entender que transitábamos por aguas inexploradas y que una cierta dosis de prueba y error era inevitable. Esto no debería ser contradictorio con la necesidad de evaluar objetivamente lo ocurrido si queremos prevenir los mismos errores en el futuro. Y esto último es válido para todas las instituciones.


¿Para cuándo es realista esperar una vacuna? ¿Sería esta vacuna la solución a todos los problemas? En el ámbito científico, hay una cierta coincidencia en la idea que las vacunas, en plural, llegaran más pronto que tarde. Algunos expertos cualificados creen que es perfectamente realista tenerla antes que termine el año. Otra cosa será su producción y distribución a nivel mundial, que puede tardar más ¿Será la vacuna la solución a todos los problemas? A todos, no. Pero sí a los más importantes.


Este virus nos ha hecho ser conscientes de nuestra gran vulnerabilidad como especie. ¿Qué probabilidades hay de que en los próximos años vivamos situaciones parecidas? La amenaza de una nueva enfermedad infecciosa siempre estará presente. Lo que no sabemos es cuándo ocurrirá. Espero que la próxima vez estemos mejor preparados y podamos dar, global y también localmente, una mejor respuesta. Si alguna lección debemos aprender de esta crisis, como humanidad, es la necesidad de ser más humildes, más respetuosos con la naturaleza.

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